Las Madres de la Cruz dejan nuestra Arquidiócesis

Nos resta sólo la Gratitud y el Reconocimiento por lo que han hecho en la Iglesia local de Durango

Por casi nueve décadas de fructífera presencia (desde 1922), la comunidad de Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, cuyo carisma principal es “El consuelo al Corazón de Jesús por medio de la adoración Eucarística permanente, a favor de los sacerdotes ministros de la gracia y el amor misericordioso de Dios para la humanidad”. Habiendo multiplicado su presencia en más de trece ciudades del país y algunas del extranjero, las Madres de la Cruz han sabido cultivar el cariño y aprecio de miles de feligreses, beneficiándose de su aporte en la espiritualidad que promueven y que ha llenado el corazón de Dios a tantas personas.
Con todos estos extraordinarios frutos, se han asentado como una comunidad firme en Durango y la grey Católica duranguense lo reconoce. Sin embargo, en las últimas décadas a decir de las propias hermanas, las vocaciones han venido considerablemente a menos en todo el país; y en virtud de esta importante realidad, este Instituto Religioso, ha decidido cerrar la casa de Durango, para trasladar a la comunidad de hermanas aquí radicadas y reforzar otras comunidades más necesitadas en el país.
Ésta es una decisión que este importante instituto autónomo de religiosas tomó, a través de la Superiora General y su Consejo, meditando y sopesando con responsabilidad su propia realidad. En lo que concierne a la autoridad eclesiástica de la Arquidiócesis de Durango, se respeta dicha decisión, misma que si bien es dolorosa para todos, se apoya para que las hermanas sigan emprendiendo el camino que Dios les vaya marcando, en el afán de revitalizar la promoción vocacional y fortalecer los objetivos y metas que como Congregación Religiosa se han fijado.
Nos resta sólo la Gratitud y el Reconocimiento por lo que han hecho en la Iglesia local de Durango, su obra es la obra de Dios y Él se queda en los corazones de cada persona que trataron. Nuestra Oración ferviente al Dueño de la Mies, para que suscite en muchas jovencitas el deseo de consagrarse al Señor, abrazando con amor esta maravillosa forma de espiritualidad sacerdotal. Estarán siempre en nuestra memoria, y nuestro deseo es que ojalá pronto vuelvan a Durango que es su casa. De todo corazón muchas gracias.

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